La Homeopatía, ¿una pseudociencia?

Is the homeopathy a pseudoscience?

Flavio Briones, MV Mg, Santiago, Chile; Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Resumen:

La homeopatía ha sido numerosas veces tildada de pseudociencia, justificando esta afirmación principalmente en las dosis infinitesimales, que le restarían consistencia externa. Como ocurre muchas veces, la discusión gira más sobre aspectos ideológicos y experiencias y odiosidades personales, que sobre hechos y temas reales. ¿Cuántos detractores de la homeopatía han realizado investigaciones imparciales y desapasionadas sobre ella? Aspectos tales como las dosis infinitesimales, contradicen en parte las observaciones o resultados experimentales conocidos y aceptados; esto no implica que el avance del conocimiento llegue en algún momento, a explicar esta contradicción. La demanda por terapias complementarias crece día a día, pero pocos parecen preguntarse la razón; muchos más están preocupados por calificarlas de pseudociencia o de cosas peores. La homeopatía no es, ni pretende ser, una ciencia; menos aún una pseudociencia. La homeopatía es un tema que debería interesar a la ciencia.

Pseudociencia y homeopatía - Dosis infinitesimales

Para algunos lo homeopatía solo es una pseudociencia, entendiéndose como tal una afirmación, creencia o práctica que, a pesar de presentarse como científica, no se basa en un método científico válido, le falta integridad o el apoyo de evidencias científicas o no puede ser verificada de forma fiable; incorporándola a un grupo integrado, entre otros, por la astrología, el feng shui, la frenología y la grafología, entre otros.

El término pseudociencia es un neologismo formado a partir de la raíz griega “pseudo” (falso) y la palabra latina ciencia (conocimiento). El término se emplea desde finales del siglo XVIII. El concepto de pseudociencia como algo distinto de la ciencia real o auténtica, parece haber surgido a mitad del siglo XIX. La palabra se usó por primera vez en la obra del fisiólogo francés François Magendie, y se citó en el Northern Journal of Medicine de 1844.

La principal razón para clasificar a la homeopatía como pseudociencia son las dosis infinitesimales, que le restarían consistencia externa. La teoría más difundida respecto a este tema, asume que el agua de algún modo "recuerda" las propiedades químicas de las moléculas que alguna vez estuvieron en contacto con ella. La investigación empírica no confirma esta hipótesis, conocida popularmente como la “memoria del agua”. Ella ha llevado al desprestigio a investigadores como el inmunólogo Benveniste[1].

Como ocurre muchas veces, la discusión sobre un campo de conocimiento gira más sobre aspectos ideológicos y experiencias y odiosidades personales, que sobre hechos y temas reales. Es así como el filósofo de la ciencia Larry Laudan ha manifestado que el concepto pseudociencia no tiene significado científico y se usa mayoritariamente para describir apreciaciones subjetivas: "Si quisiéramos permanecer firmes al lado de la razón, deberíamos deshacernos de términos como pseudociencia y acientífico de nuestro vocabulario; son sólo palabras huecas que cumplen una función emotiva.".

¿Cuántos detractores de la homeopatía han realizado investigaciones imparciales y desapasionada sobre ella?; seguramente muy pocos. Los ejemplos son muchos; una afirmación frecuente es que el grado de dilución de algunos medicamentos homeopáticos equivale a diluir una gota de cualquier sustancia en el océano. ¿Cuántos de los que repiten esta aseveración saben cómo se preparan los medicamentos homeopáticos? y además ¿Cuántos saben que la correcta práctica de la homeopatía requiere un largo aprendizaje?

La etiqueta de pseudociencia se ha aplicado a disciplinas como la física cuántica, las ciencias sociales, el psicoanálisis, la parapsicología y la criptozoología, por la naturaleza de sus objetos de estudio, difícil de ser estudiados con la misma rigurosidad científica que otras disciplinas, no obstante esto es relativo y algunas de estas disciplinas acusadas de pseudocientíficas son aceptadas como científicas por universidades, asociaciones científicas, centros médicos, gobiernos, entre otras.

No se puede negar que la homeopatía soporta contradicciones lógicas; pero no se le puede acusar de ser dogmática, ya que los propios homeópatas constantemente buscan actualizar sus principios y prácticas. Por otra parte, aspectos tales como las dosis infinitesimales, contradicen en parte las observaciones o resultados experimentales conocidos y aceptados; esto no implica que el avance del conocimiento llegue en algún momento, a explicar esta contradicción.

Sin lugar a dudas, los principales culpables de las críticas y descalificaciones a la homeopatía y su descrédito, son los propios homeópatas, especialmente los fanáticos[2].

Por una parte está el error de muchos homeópatas que siguen considerando a Hahnemann la máxima autoridad teórica, por el solo hecho de ser el fundador de la disciplina, considerando sus enseñanzas como escrituras sagradas. Pero no es justo que la homeopatía en su todo sea mal considerada por un grupo de extremo, que olvida que Hahnemann vivió hace más de 200 años, cuando la medicina y en particular la terapéutica, no estaban desarrolladas.

Tampoco se puede negar que muchos “homeópatas” (así, entre comillas) descalifican las críticas por parte de las ciencias, muchas veces utilizando falacias, aduciendo conspiraciones o proclamándose objeto de persecución cuando sus planteamientos son rebatidos.

El fanatismo, en cualquiera de sus expresiones, nunca ha sido bueno pero, lamentablemente, es muy poco lo que se puede lograr contra él. Existe en todas partes, no solo entre los homeópatas, de hecho, como ya se mencionó, hay fanáticos detractores de la homeopatía, que tampoco escuchan razones.

El fanatismo en homeopatía, como toda posición extrema, es peligroso, tanto para la homeopatía como para los pacientes, siendo esto último indudablemente lo más grave. La homeopatía tiene límites claros, al igual que la alopatía, por ejemplo lo que es quirúrgico es quirúrgico, y a estos hay que sumarles las limitaciones cognitivas sobre fisiología, patología, alopatía y homeopatía, que en ocasiones impiden encontrar solución al padecimiento de los pacientes. Muchas veces hay que enfrentar a “homeópatas”, que atacan las vacunas, los antibióticos y la cirugía, entre otros, sin preocuparse del bienestar de sus pacientes, sino solo de su ortodoxia mal entendida. En general, se ataca a lo que se teme y se teme a lo que se desconoce; con esto se quiere decir que el fanatismo es en general un reflejo de la ignorancia.

Desconocer las bondades y alcances de otras terapias, es limitar las posibilidades de alivio o curación de los pacientes, el hecho de saber utilizar medianamente bien la homeopatía, no es razón para descartar la fitoterapia, la acupuntura o, menos aún, la alopatía.

Es también un hecho que los homeópatas hacen poco esfuerzo para desarrollar una teoría que supere los problemas a los que se enfrenta, y algunos, francamente carecen de la autocrítica propia de los científicos verdaderos. Proclaman y exigen que se reconozcan las bondades de la homeopatía, pero sólo ante el público general y a través de medios de comunicación poco serios, generalmente asociados a intereses comerciales, que solo buscan ganar dinero aprovechándose del desencanto de algunos con la terapéutica alopática (llamada despectivamente “veneno químico” por los fanáticos más ignorantes); renunciando o siendo muy reticentes a poner a prueba sus explicaciones ante la comunidad científica establecida.

La demanda por terapias complementarias crece día a día, pero pocos parecen preguntarse la razón. Muchos más están preocupados por calificarlas de pseudociencia o de cosas peores. Pese a este mayor interés, el número de profesionales acreditados que las practican no ha crecido significativamente, lo que tienta a inescrupulosos.

Lo lamentable es que discusiones banales, como la referida a la calificación o no de pseudociencia, han retrasado un aspecto muy importante: la legislación sobre la homeopatía. Esta legislación debería considerar dos puntos básicos: la venta de los medicamentos homeopáticos y la formación de los homeópatas. Esta debe ser hecha con altura de miras, más allá de los intereses personales y de las profesiones.

Richard Mc Nally, catedrático de Psicología de la universidad de Harvard, afirma que "el término pseudociencia se ha convertido en una palabra injuriosa que solo sirve para insultar a los oponentes personales en las discusiones públicas", y específicamente en relación a las terapias: "cuando se hacen afirmaciones a favor de un tratamiento, no deberíamos perder el tiempo intentando determinar si son o no pseudocientíficos. En su lugar se deberían hacer preguntas tales como: ¿Cómo sabe que su tratamiento funciona? ¿Cuáles son sus pruebas?".

La homeopatía no es, ni pretende ser, una ciencia; menos aún una pseudociencia. La homeopatía es un tema que debería interesar a la ciencia.

Parte de la información discutida en este artículo, fue obtenida del escrito “Qué son las Seudociencias”, de Mario Bunge, físico y filósofo argentino radicado en Canadá. Su último libro es Las ciencias sociales en discusión (Ed. Sudamericana)

 


[1] Jacques Benveniste (1935 - 2004) fue un inmunólogo francés. En 1979 describió la estructura del factor activador de plaquetas y su relación con la histamina. Fue jefe de la Unidad INSERM 200. Estuvo en el centro de una controversia internacional en 1988, cuando publicó un artículo en la revista científica Nature que describe la acción de diluciones muy altos de anticuerpos anti-IgE en la degranulación de basófilos humanos, hallazgos que parecían apoyar las bases de la homeopatía, llegando a la conclusión de que la configuración de las moléculas en el agua era biológicamente activa. A propósito de esta idea, un periodista acuñó el término “la memoria del agua”. En la década de los noventa, Benveniste afirmó que esta "memoria" puede ser digitalizada, transmitida, y reinsertarse en otra muestra de agua.

[2] El fanatismo es una pasión exacerbada, desmedida y tenaz, generalmente asociada a religiones o política.

Consta de una apasionada e incondicional adhesión a una causa, un entusiasmo desmedido y monomanía persistente hacia determinados temas, de modo obstinado, algunas veces indiscriminado y violento. En casos extremos el fanatismo puede superar la racionalidad.

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