Homeopatía - Medicina Veterinaria

Dr. Flavio Briones MV Mg

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Isopatía de las enfermedades contagiosas

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Isopatía de las enfermedades contagiosas
(Originalmente publicado el la revista Divulgación de la Homeopatía, Nº 235 / Febrero de 1986)
Dr. J.J. Wilhelm Lux (Editado en Leipzig en 1833; Traducido por F. Briones)

El Señor Valentín Zibrik de Szarvaskend, propietario de un criadero de animales en Hungría, me pidió por escrito el 11 de Diciembre de 1831, medicamentos homeopáticos para la "peste bovina" y para el "antrax" (Carbunclo).

Mi respuesta fue negativa, ya que desconocía el tratamiento homeopático de esas epidemias. Sin embargo, en honor a la confianza de este propietario, le revelé los misterios de la curación por el principio más elevado de la medicina, cuyo enunciamiento es: "Todas las enfermedades contagiosas son portadoras de los medios para su curación".

Al mismo tiempo le indiqué, considerando que él poseía nociones de homeopatía, como una gota de sangre de un animal enfermo de "antrax" y una gota de mucus nasal de un cuadro de "peste bovina", diluidos treinta veces, pueden ser empleados. Las bases de esta ley fundamental eran desconocidas en la época.

Las personas que presentan sabañones mejoran de sus padecimientos por la nieve. Las manzanas y las papas se descongelan por el agua fría. Las mordeduras de serpientes son tratadas por la sustancia venenosa de la misma serpiente. La hidrofobia en el hombre, aún en los casos graves, es tratada en Rusia por la saliva de un perro rabioso, como lo relata el general Borodin en Junio de 1829, con resultados rápidos y certeros.

Es así como se puede multiplicar fácilmente la fuerza de la naturaleza, incapaz de curar por el similar, pero sí por el idéntico en una alta dinamización.

La inoculación a vacas de la linfa de pustulas mamarias las protege contra la "psora" y la "syfilis". Esta vacunación es por el idéntico.

Bastaría potenciar una gota de sangre del bazo de animales afectados por el "antrax" o una pústula en la sarna o el chancro en la "Syfilis", dependiendo de la enfermedad, para obtener una verdadera curación homeopática en vacas, ovejas, gatos y perros.

En 1831 se realizó la experimentación de Lachesis por el Dr. Hering, después otra experimentación en el hombre sano hecha por el Dr. Griesselich en 1832, con Psorinum, que se obtiene de la sarna. Contra el "herpes latente" yo prescribo el segundo, lo mismo en el caso del "herpes escamoso".

Cuatro personas de mi familia se han curado definitivamente del "mal de dientes" por el mismo Psorinum.

Es necesario una gran prudencia para tratar la Ozena del equino por la isopatía, debiéndose variar la dinamización entre la 15 y la 30.

Ciertas epidemias del año 1832 fueron tratadas con la isopatía, en conjunto con medicamentos en dilución 30, como Mercurius, Sulfur, China y Natrium muriaticum.

Me permito señalar que los numerosos premios, que he obtenido por mis trabajos en Inglaterra, Holanda, Alemania, Austria y Turquía, han servido para aumentar los fondos de las escuelas homeopáticas.

Frecuentemente he podido constatar que la Homeopatía se complementa perfectamente con la Isopatía, que cura las enfermedades contagiosas del hombre y de los animales por su propia sustancia infectante.

Potencia y Dilución:

La homeopatía actúa sobre el sistema nervioso y sobre cada órgano según su tonalidad y su "espiritu", ambos obtenidos de la sustancia bruta del medicamento mediante procesos particulares.

Mientras más se potencializan las sustancias más se libera su "espíritu" (energía). Es así como sustancias minerales que no tienen olor ni gusto como la Silicea y el Aurum, cambian sus cualidades por la dilución a la 30, 40 ó 50 potencia.

El cobre, el fierro y el plomo no necesitan ser usados en dilución tan elevada.

Las resinas, excreciones y plantas verdes, que poseen olor y gusto, actúan en las diluciones medias, como Asa foetida, Chamomilla, Valeriana, Castoreum, etc.; actúan bien en las potencias de las 12 a la 15.

Las enfermedades contagiosas piden diluciones más elevadas. La "mordida contagiosa" del caballo debe ser tratada con la dilución 30.

Yo di a mi buen amigo O.., el primero de Diciembre de 1830, para las hemorroides, la 24a potencia de Bryonía. El encontró que, al tomar una gota o un poco más en un poco de azúcar, se le producía dolor toráxico y constipación. Como Bryonía estaba indicado en estos casos, se la prescribí en la 15 dilución y todo volvió a su orden. He constatado, igualmente en otras experiencias, que una alta dilución es más activa que una baja dilución; lo que equivaldría a un aumento de la fuerza medicamentosa y de su calidad, a medida que disminuye la materia. Es por ello que prefiero el término "desarrollo de fuerzas", en vez de "dilución".

¿Se puede experimentar las potencias cuando uno mismo prepara los medicamentos? La respuesta es que en general no.

De cada tubo donde se experimenta el medicamento, el que se maceró con lactosa, se escapa una parte de la potencia medicamentosa, la que se absorbe por la boca y por la nariz al respirar.

Aquél que posee una pequeña farmacia o aquél que prepara varios medicamentos por día se encuentra en un estado de vibración constante, como los vidrios de un armario que responde a la música, únicamente en su propia tonalidad y no con otros sones.

Yo llamo esencias, los extractos animales o vegetales - Tinturas fuertes - que son extractos fuertes. La palabra tintura recuerda fatalmente el color chillón del vino o de la murtilla o del arándano y que los médicos llaman esencia - Tintura de esencia saturada -, que sería toda la fuerza de un medicamento. Todo lo que la naturaleza y la química concenira con el propósito de curar, puede ser llamado esencia concentrada de la fuerza curativa, como el Arsenicum album, Camphora, Petroleum, Baryta acética, Mercurius solubilis etc.

Yo llamaría también esencia las bajas diluciones de Silicea, Aurum, Mercurius, etc.

Yo mezclo las drogas secas con 8 partes de alcohol por una parte de medicamento.

Al comenzar a practicar la veterinaria homeopática, pensaba que entregaba más acción a los medicamentos, mezclando dos gotas de la dilución 29 y l00 de Alcohol y agitando fuertemente esta solución entre 1 y 30 veces. Estoy convencido que por este método obtengo no una simple dilución, sino que un desarrollo de las fuerzas de mi fármaco.

He decidido marcar las tapas de mis frascos de potencias con números del 1 al 30, con el fin de que mis futuros lectores veterinarios no tengan más que calcular en quintillones y decillones. En mi parecer la potencia se debe indicar en grado inverso a lo agudo de la enfermedad. Si un organismo reacciona fuertemente, yo sólo utilizo las bajas potencias en muy pequeñas cantidades. Por ejemplo en los casos de dolores dentarios en las personas.

Si el organismo se muestra sensible, o bien es de constitución flemática o linfática y está afectado por enfermedades crónicas, yo indico las potencias elevadas que yo preparo, evitando así las agravaciones homeopáticas.

Dieta, Régimen, Confianza, Creencia, Fantasía.

Del régimen se dice que es una cura de mujeres. Yo puedo decir que la Homeopatía ignora el régimen por el cual cada paciente puede comer de acuerdo a su apetito.

Por otra parte, ella desaconseja los alimentos y las bebidas excitantes, como los condimentos, sazonadores que se asemejan mucho más a las drogas que a los alimentos.

En cuanto a la veterinaria, yo ignoro el régimen.

Las altas diluciones de Antipsoricos asi como otros medicamentos, no presentan problemas en el hombre en relación a los alimentos, no siendo necesario cambiar sus hábitos alimenticios. No censuro a los perros de casa, las comidas y los embutidos que están acostumbrados a comer en la mesa de sus dueños.

Si los animales enfermos tuvieran más confianza en las pequeñas dósis homeopáticas que en los otros medicamentos, o si ellos tuvieran una idea de la medicina y de los medicamentos, este problema debería ser inmediatamente referido a los médicos pediatras.

Es una ignorancia tremenda atribuir las curaciones homeopáticas solamente al régimen, a la fe, a la fantasía o al misticismo.

El éxito de la homeopatía en los animales es constante y sorprendente, constituyendo una prueba suplementaria de la excelencia del sistema.

En mi práctica entre los años 1795 y 1822, yo traté los animales en forma alopática, con ciertos resultados. La curiosidad y un cierto grado de descontento, como ocurre con numerosos médicos, me dirigieron hacia el estudio de la homeopatía. En un comienzo estaba choqueado por las dificultades, las ideas paradojales y también las dudas. Después de 10 años, trato todos los animales con homeopatía, y continuamente me sorprendo de los resultados con este método maravilloso. Es más, continúo la experimentación de dósis de diferentes medicamentos, buscando la más apropiada para cada animal.

Los resultados positivos son tantos, que he sentido la necesidad de comunicarlos, y es por ello que he creado una revista cuyo título es "Zooiasis" o "la curación homeopática de las enfermedades de los animales".

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